Septiembre también es un buen momento para revisar la estrategia de sostenibilidad

Septiembre tiene un poco de segundo enero: vuelta a las rutinas, nuevos objetivos y unos cuantos meses por delante para cerrar el año cumpliendo  -o al menos acercándonos- a todo lo que nos habíamos propuesto.

Para las empresas, además, esta vuelta llega acompañada de novedades importantes en materia de sostenibilidad. Cambios en el reporting ESG, nuevas reglas frente al greenwashing y normativas relacionadas con los envases o la deforestación forman parte de una agenda que seguirá ganando protagonismo durante los próximos meses.

Así que, antes de meternos de lleno en el último trimestre del año, hacemos un pequeño repaso de lo que viene.

Menos recopilar datos y más utilizarlos

Una de las novedades tiene que ver con el reporting ESG. El pasado 3 de julio, la Comisión Europea adoptó una revisión de los Estándares Europeos de Información sobre Sostenibilidad (ESRS) con un objetivo claro: simplificar el proceso y reducir la carga administrativa para las empresas.

Los nuevos estándares reducen considerablemente el número de datos que las organizaciones deben reportar y buscan hacer el sistema más sencillo y manejable.

Pero más allá de cuánto haya que reportar, hay una pregunta interesante para las organizaciones: ¿estamos utilizando toda esa información para tomar mejores decisiones?

La simplificación puede ser una oportunidad para dejar de entender los indicadores únicamente como una cuestión de cumplimiento y empezar a utilizarlos para identificar riesgos, revisar prioridades y conectar mejor la sostenibilidad con la estrategia de la compañía.

Comunicar sostenibilidad, sí. Pero con pruebas

Otro de los grandes temas de esta vuelta al trabajo es el greenwashing.

A partir del 27 de septiembre de 2026 deben comenzar a aplicarse las normas derivadas de la Directiva europea 2024/825, destinada a reforzar la protección de las personas consumidoras frente a determinadas prácticas comerciales engañosas relacionadas con la sostenibilidad.

Entre otras cuestiones, las nuevas reglas ponen el foco en las afirmaciones medioambientales genéricas que no puedan demostrarse y en el uso de distintivos de sostenibilidad que no estén respaldados por sistemas de certificación o establecidos por las autoridades públicas.

Para las empresas, esto supone revisar no solo qué están haciendo en sostenibilidad, sino también cómo lo están contando.

En otras palabras: utilizar términos como “verde”, “sostenible” o “respetuoso con el medio ambiente” no debería quedarse en una declaración de intenciones. La información que trasladamos a las personas consumidoras tiene que ser clara, fiable y estar respaldada.

Más cambios que conviene tener en el radar

Y el greenwashing y el reporting no son los únicos asuntos que marcarán los próximos meses.

En España, el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) es otra de las cuestiones a seguir. Este sistema busca mejorar la recogida separada de determinados envases mediante un depósito que la persona consumidora recupera al devolverlos. La normativa española establece como objetivo alcanzar en 2029 una recogida separada del 90 % de las botellas de plástico para bebidas de hasta tres litros.

También está en el horizonte el Reglamento europeo sobre productos libres de deforestación (EUDR). Su objetivo es reducir la contribución de la Unión Europea a la deforestación y degradación forestal vinculada a determinadas materias primas y productos, como el café, el cacao, la soja, la madera, el caucho, la palma aceitera o el ganado bovino.

Tras los aplazamientos aprobados, buena parte de sus obligaciones comenzarán a aplicarse el 30 de diciembre de 2026, mientras que determinadas microempresas y pequeñas empresas dispondrán de un plazo adicional hasta el 30 de junio de 2027.

De los compromisos a la acción

Todo esto puede parecer, a primera vista, una larga lista de normas, fechas y obligaciones. Pero también plantea una cuestión mucho más sencilla: ¿cómo convertimos los compromisos de sostenibilidad de una empresa en acciones reales?

Y ahí el voluntariado corporativo también tiene mucho que aportar.

Los programas de voluntariado permiten involucrar directamente a las personas de la organización en algunos de esos compromisos, a través de iniciativas ambientales, proyectos de inclusión, educación, acompañamiento a colectivos vulnerables o colaboración con entidades sociales.

No sustituye, por supuesto, a una estrategia de sostenibilidad ni a las obligaciones que corresponden a cada empresa. Pero sí puede convertirse en una herramienta más para trasladar los compromisos al día a día de la organización y hacer partícipe al equipo del impacto que se quiere generar.

Porque septiembre puede ser el momento de volver a las reuniones, los informes y los objetivos pendientes. Pero también puede ser un buen momento para preguntarnos qué podemos hacer de aquí a final de año para convertir los compromisos en acciones concretas.

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